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| La portada de la primera "Mosca En La Pared" que compré. |
La primera vez que me
encontré con la revista “La Mosca En La Pared” fue hace ocho años, justamente
cuando yo era una estudiante de primer año de preparatoria. El ejemplar que
encontré en el supermercado tenía a Jim Morrison en la portada con el cabello y
los ojos rojizos, todavía tengo esa revista guardada entre mis posesiones
valiosas junto con otra de Radiohead y una de los Arctic Monkeys.
Fue a partir de ese ejemplar
y otros más que comencé a educar mi oído mientras mis demás compañeros de
escuela se debatían entre ser metaleros o fresas, y otros eran invisibles o sin
categoría aparente (siendo yo de los últimos). Cada que acompañaba a mi madre
al súper me sentaba tres horas en el piso del pasillo de revistas a devorar el
contenido de dicha publicación en lo que ella comparaba los precios y
beneficios de cinco aceites comestibles.
Conocí más de los The Doors,
Cream, The Cure, David Bowie y The Velvet Underground sin saber que años
después este último grupo me ayudaría a encontrar a uno de mis mejores amigos,
o que incluso gracias a otras bandas que pasaban por las páginas de “La Mosca…”,
terminaría identificando a las personas de mentalidad más abierta (tanto
musical como culturalmente) de aquellos que odiaban el “Sgt. Pepper…” y el “White
Album” porque como dice una amiga mía: “Una persona no puede ser completamente
mala si le gustan los Beatles” (sobre todo con sus discos pachecos).
También es gracias a las
enseñanzas de esta publicación que cuando caí en uno de los momentos más
deprimentes, busqué la forma de irme un verano a estudiar al país que nos dio a
los Smiths y Joy Division. Allá conocí en mi curso a profesores, personas y alguno
que otro conductor de televisión que se sorprendieron al ver que yo apreciaba
artistas como The Clash, The Stooges y Siouxsie and The Banshees.
Puede decirse que “La Mosca…”
me ha ayudado a sentirme cómoda con mi identidad porque a pesar de todo sigo
siendo de la extraña población de larvas que buscan artistas con verdaderas
propuestas, o que estudian primero la historia de una banda para entender y
disfrutar mejor el contenido de sus discos.
Luego de un tiempo la revista
desapareció sin siquiera despedirse, o al menos yo no recuerdo que hubiese un
ejemplar donde se anunciase el final. Después encontré el blog pero no era
igual, extrañaba buscar en las repisas del super para sentarme tres horas a
alimentarme con las secciones “Crónicas globalifílicas”, “Un hilito de sangre”
e incluso la entretenida columna de Miguel Cane cuando llegaba a publicar
ocasionalmente en la revista.
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| La nueva imagen de la revista. |
Aunque sé que muchos de
estos colaboradores siguieron escribiendo, la edición en papel me permitía desconectarme
del mundo hasta que se me acababan los artículos y no me quedaba de otra más
que buscar muchas canciones que mencionaban usando las computadoras de la
escuela, encontrando algunas (y descargándolas porque solo me alcanzaba el
dinero para la ruta a mi casa) u olvidándome de ellas porque en el 2005 o 2006 el
internet aún escaseaba de contenido tan peculiar.


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