viernes, 11 de febrero de 2011

Validación del código emocional

Confieso que tengo una fijación por seres mitad humano, mitad máquina.
Antes de que me teman, tengo que explicarles el porqué. Estos hombres son como todos nosotros en el exterior, pero dentro de su coraza de piel, sus cabezas están llenas de engranajes, circuitos, código binario, lógica, ciencia… metal sin emociones.
Confieso que he intentado volverlos humanos, sin embargo las estrategias siempre fallan.  Una vez solo fui un objeto, otra ocasión, me cambiaron por una niña que se volvió una muñeca adulta… bella y vacía.
Y ahora me encuentro en el mismo camino: al límite de ser una como ellos.
El último ser que me atrajo hacia él como un imán está perfectamente disfrazado, es difícil distinguir su origen, si viene de la tierra o de la fábrica. Si está cerca, me percato que no sé nada de su lenguaje enigmático de programación, y también estoy consciente que somos como el hierro y la madera.
Considero que lo que sé, a comparación de él es como una tuerca cerca de la máquina infinita.
Y ahora, cada vez que lo veo tengo miedo de hablar, miedo al error, a tener que recurrir al reinicio de mi sistema para volverme una flor de acero como todos deberíamos de ser.
Cuando tomo el valor para ser de Gaia, es el momento cuando todos lo alejan de mi, pero hace poco me di cuenta que de sus ojos negros se asoma un brillo que no había visto en otros seres vivos o autómatas, y él me da un poco de fuerza para no ser una oveja eléctrica.

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