Clic. Te levantas en la mañana, abriendo tus ojos de vidrio para cambiar la obturación adaptar la lente a la luz que te despierta violentamente cada día antes de prepararte para la rutina de siempre: baño, ropa, desayuno, camino a la universidad.
Clic. Caminas por callejones diferentes, avenidas concurridas, pisas el pasto sin importar si está prohibido, pero sin dejar de memorizar rostros, objetos, plantas y edificios cada vez que avanzas.
Clic. Llegaste a la puerta principal donde un policía pide tu identificación y te deja entrar como cada día. Subes unos pisos y te encuentras con tus amigos a los cuales saludas con un singular apretón de manos.
Clic. Te alejas de ellos para encontrar tu salón y no llegar tarde a la primera clase del día. No dejas de escuchar música que cubre los murmullos de aquellos que solo tienen aire en la cabeza en lugar de engranajes como tú.
Clic. Escuchas unos pasos presurosos por el pasillo, sabes bien que le pertenecen a alguien más. Te apresuras a adaptarte a sus movimientos y a su luz para poder tener una imagen de su rostro.
Clic. Te voltea a ver para luego regresar a sus pensamientos, para esa persona solo eres otro conocido más, y ni siquiera eso porque tu nombre no se lo sabe ni le interesa averiguarlo.
Clic. Encuentras su rostro enmarcado por una melena indomable. Está en el agua, en el pasto verde, en el cristal de la biblioteca; sonriendo, gritando, impresionando al que ignora la luminosidad de sus rasgos.
Clic. Decides perseguirla para saciar tu sed de atraparla como un niño que desea tener el viento en un frasco de vidrio. Ella se da cuenta de tus intenciones y corre con aquellos que la conocen.
Clic. Registras los acordes de las palabrotas que escapan de su boca hasta crear con ellas una poesía o un cuento que te arrulla antes de cerrar la lente. Ella no tiene idea del efecto que causa, pero ¿y si lo supiera?
Clic. Clic. Empiezas a desarrollar un plan para tener su imagen congelada en tu habitación. Primero te acercarías a ella sin que lo notase, en tus manos tendrías algo para derribarla de tal modo que no arruinases sus gestos, para que parezca que está dormida.
Clic. Clic. ¿El cianuro podría deformar su apariencia?
Clic. Clic. Clic. Optas por un pañuelo bañado en formol. Tu cómplice y testigo será la noche que la acompaña por las calles a su casa después de sus clases de pintura y escultura.
Clic. Clic. Clic. Clic. La sujetas de uno de los brazos, ella deja caer el lienzo y la mochila con los materiales. Mira tu sonrisa y la lente de tu cara. Antes de gritar, cubres su nariz y boca con el trapo. Ella cae en tus brazos plásticos con un ruido sordo.
Clic. Clic. Clic. Clic. Clic. El cabello salvaje cubre su mirada perdida. Sus labios rosados permanecen semi abiertos. La cargas en silencio a tu cámara oscura, donde podrás finalmente robarle todas las fotografías que desees.

No hay comentarios:
Publicar un comentario