Apenas me escuchaban, apenas
fingían escucharme. Peor que tu indiferencia me resultaba la indiferencia
profesional de ellos. Con ellos tampoco me entendía.
"La continuación" Silvina Ocampo
"La continuación" Silvina Ocampo
Los retratos siempre capturan
siluetas sin nombre, de luz u oscuridad. Un borrón que aparece con el revelador,
se enjuaga, se fija y permanece en una bandeja llena de agua por unos minutos. Los lentes de una cámara, el diafragma, el
obturador y los ya casi extintos rollos, conforman un atrapa sueños postmodernista,
el cual es utilizado por aficionados o expertos en el arte de capturar colores fijos
o en movimiento.
Nunca se sabe cuando un
individuo puede convertirse en parte de la composición, de un recuerdo
vespertino, un viaje a las montañas, una fiesta de cumpleaños, una marcha
pacífica, e incluso la representación gráfica que acompaña a una noticia de
ocho columnas. Cuando uno menos se da cuenta, ya ha paseado frente a aquel que
manipula la cámara, volviéndose un vestigio de la existencia misma dentro de un
contexto caótico.
Hace algunos meses encontré a
ese joven que se había convertido en un barrido con figura humana, apenas logré
distinguir su rostro serio, su boca delgada, bien definida, la cual creaba una
armonía con sus ojos de somnolencia castaña; también, su cabello en esos días
eran delgados hilos de ébano sin un orden establecido por un cepillo.
Me dio su nombre, esto
acompañado de unas hojas, y una mueca similar a una sonrisa. Me pidió algún
texto de mi autoría, lo único que tenía cerca eran lo que había leído ese día
en caso de que otra persona, en la cual solía estar interesada, se dignase a
escuchar los desvaríos de un individuo con personalidad múltiple.
No le presté mucha atención en
ese momento, pero posteriormente lo encontré en tres de las capturas que había
conseguido con una vieja cámara réflex. A veces sonreía ligeramente, tal vez
fingiendo que le interesaba escuchar las incoherencias de unos niños que juegan
a ser escritores como Bukowski, Ocampo, Hemingway, Sabines, o Paz; en otras
conservaba un grado de seriedad similar a una escultura prehispánica, sin
embargo, él se diferenciaba del resto de aquellos que se movían a su alrededor.
Leí la obra que me había dado,
parecía un híbrido entre cuento y poesía, no logré deducir su naturaleza o
significado tan fácilmente. Conforme leía sus escritos más sentía que él había
visto mi historia en una película, la cual decidió preservar antes de olvidarla.
Las imágenes comenzaron a tomar sentido, él siempre estuvo ahí, desde mi
infancia hasta mi etapa adulta, buscando ser una huella imborrable en el
subconsciente. Microfilme de perfil, tres cuartos, de espaldas, de frente,
cuerpo completo, con las pupilas mirando a todas direcciones, el cabello
desordenado, en la noche, en el día, blanco y negro, o a colores. No importaba, solo quería quedarse aquí, en mi
mente a través del ojo de vidrio de una cámara.
No he vuelto a verlo más que
en otras capturas de la capital, a veces ese chico solo es un conjunto de pinceladas sepia entre figuras verdes. Tengo todavía
sus documentos, los que siempre cargo en mi mochila, solo para leerlos y
aferrarme por unos minutos a la idea de que él no es un error nacido de la
velocidad y este inquieto pulso. Diariamente tengo su nombre en mis labios, intento
contenerlo pero esta tarea se vuelve cada vez más difícil. A veces deseo
gritarlo para que él lo escuche y regrese, para poder conseguir otra fotografía
que me asegure que él en verdad existe y no es solo parte de una cálida
dimensión paralela.
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PD: El imbécil mira al dedo que señala al cielo.

Me encantaaaa!!! y que bueno que lo hiciste...
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